martes, 18 de agosto de 2015

¿En qué momento olvidamos saber disfrutar como niños?

Bueno en este caso, nos tendríamos que hacer otra pregunta...¿Cómo disfrutan ahora los niños? la forma de divertirse es diferente, nuestros padres no se divertían como nosotros lo hicimos y los chavales de ahora también lo harán de otra manera, pero con las nuevas tecnologías,  que les hacen quedarse horas y horas pegados a un aparatillo electrónico (de alto valor en el mercado, pero un bajo coste de recreo colectivo) no se muy bien como saciaran esas ganas locas que los niños de mi generación solíamos tener de distraernos en las calles y parques del pueblo o ciudad, con el resto de los amigos. Esas risas infinitas, los juegos en grupos, que normalmente conllevaba que alguno se "picara", abandonara y se acabará. Fueron buenos años. 

Lo que quiero decir, es que ¿por qué ahora siendo más mayores no disfrutamos de cada momento que nos ofrece la vida para compartirlo con la gente que apreciamos y queremos? Si no que, nos encadenamos a malos vicios, ya pueda ser estar todo el día con el teléfono móvil, como otros de mayor gravedad, las drogas, el alcohol, entre otros importantes. Todo eso hace que nos aislemos, que dejemos de compartir nuestro tiempo, con la familia, amigos, compañeros... Esos son los importantes, los que te ayudan a desconectar de la rutina y de una vida rodeada de estrés. Hace falta más comunicación y menos abusos. Sí se puede tener un móvil, o beber alcohol, pero sabiendo que hay un límite y parar.

El problema aparece cuando anteponemos los abusos de los malos hábitos o de productos nocivos para nuestra salud, que compartir una buena comida entre risas y anécdotas con los que queremos. También, se puede optar por ampliar nuestra cultura a través de la lectura o los viajes, entre otros hobbys que puedan existir.

Yo tampoco voy a decir a nadie que hacer y como tiene que actuar, somos libres. Pero sí que creo que para llevar una vida saludable y sociable, debemos dar prioridad a ciertos elementos, que nos endulzaran los momentos de melancolía, o en los que las cosas se complican. Darle prioridad a un tiempo de risas. Eso hará que todo problema que parezca de gran importancia disminuya con consejos y del apoyo de la experiencia, que nos puedan ofrecer gente que haya pasado por algo parecido. Viene bien hablar las cosas y reunirse, dejar de lado enfados o broncas, que en un pasado dimos más relevancia de la que podrían merecer. A lo que quiero llegar, es de sabios rectificar y perdonar, lo que ayudará a que nos divirtamos y las cuestiones que eran graves ya no lo sean, o al menos no en ese grado.

Nuestra felicidad de niños dependía de un juguete o de que si llovía no podríamos salir a la calle, o de terminar pronto los deberes para salir antes a divertirnos. Ahora, en cambio, depende de poder llegar a fin de mes, de que estudiar, donde estudiarlo, y ser mejor que otro para poder tener un buen nivel de vida que te haga alcanzar la felicidad, que de pequeños no nos dábamos cuenta que estábamos disfrutando... Pero si no apreciamos cada momento que pasamos en este mundo no servirá de nada tener un buen trabajo, una familia, un gran hogar. Para que queremos eso, si luego no seremos capaces de compartirlo, pues no tendremos a nadie que quiera hacerlo con nosotros. Ya que hemos dedicado más tiempo a alcanzar el pico de la pirámide de una vida idílica antes que un grupo de compañeros, un amor, una familia... ¿para que?
Para nada.
Lo único que podemos hacer es ir poco a poco logrando nuevas metas pero con gente a nuestro lado, que nos anime a seguir y nosotros les animemos a ellos. Así conseguiremos pequeñas alegrías que conformaran una vida. Nuestra vida.